Juan Vicente Tovar, la gloria eterna

Juan Vicente Tovar, Edificio Torres y Douglas Valiente
Continúa en el recuerdo de los hípicos y de quien escribe. Fueron
proezas que entrelazó uno de los grandes en la historia del deporte
nacional: ganador de 16 estadísticas y superó a Irineo Leguisamo.

Cómo olvidarlo. En 1995 iniciamos la travesía de aprender a entrenar
purasangres en la cuadra de Pablo Andrade, en La Rinconada. Y ese año
marcó su retorno, luego de que fue convencido por el propietario Armando
Garcés, del caballo Demons Cloak.

Se había retirado tras la muerte de su hija Yaneth. Abandonó el fuete
para intentar superar el golpe. El nacimiento de su hijo Juan Pablo,
quien hoy reside en Miami, le devolvió la sonrisa.
En aquel 1995 todo fue alegría en las mañanas de traqueos: regresó Tovar.

Era el personaje que uno desde niño admiraba y esto orientado por una
revista. Hasta que una madrugada venía Tovar y Pérez, y ambos saltaron
la baranda para comenzar los ejercicios. Pérez le dijo en tono jocoso:
‘Mira, a él le dicen ñoño’. El campeón comenzó a bromear y desde ese
instante, nació la amistad.

Un caballero que siempre subía alborozado a los traqueos. Un día venía
con sus panas: los entrenadores Ademar Piñango y Luis Chacón. Era un
festival de regaños ya que volvían del dominó, su juego preferido.
Llegó la tarde del Clásico Presidente de la República de 1995. Juan iba
por el triunfo con Colonial, de la cuadra de Jesús Villegas. El soberano
lo recibió con aplausos en el paddock.

Se dio la partida. Sir Flier parecía crecerse, pero Tovar nunca dejó de
pegar con Colonial y pasó a dominar en el regreso triunfal.

Luego de la foto, declaró a la prensa en el recinto de jinetes. Pero
allí se mezclaron sus colegas y amigos. Extendimos el brazo con el
grabador para recoger sus palabras y ligando que la cinta del casette no
jugara una mala pasada.

Tal día como hoy, tras una depresión por problemas familiares, perdió la vida en su casa en Vista Alegre, Caracas.

Un domingo en la mañana llamé al entrenador Agustín Bezara para
saludarlo. Me dijo: ‘Vente para el Cementerio del Este, estoy aquí con
el negro’. Me voy.

Desde el asfalto lo miro sentado solito en una base de concreto y debajo
de un árbol. Cuando distingo la placa en la grama: el nacimiento y
despedida del multicampeón de los estribos.

Antonio José Medina
Diario Líder
12-4-2012
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