Mujer le ganó demanda a un hipódromo

La justicia ordenó indemnizar a una mujer que se vio perjudicada cuando su esposo, que había ido a ver las carreras, quedó imposibilitado de tener una erección por la patada de un caballo en el Hipódromo de Palermo, en Argentina; informó el portal https://www.elpatagonico.com

En 2008 Juan de por ese entonces 57 años, se fue para el Hipódromo Argentino de Palermo. A su jefa le gustaba jugar a las tragamonedas, así que iba seguido a llevarla. Y aprovechaba para ver las carreras.

Aquella tarde de hace 11 años atrás, se dirigió hacia la rotonda, un lugar por donde suelen desfilar los caballos antes de la carrera. Juan empezó a leer una revista, mientras esperaba que los caballos aparecieran.

A las 17:30 les tocaba el turno a las nueve yeguas de más de cinco años. Lucky Chip, La Egipcia, Finalaloca y Mi Chaplina estaban entre las nueve aspirantes detalló Infobae. El premio mayor prometía 18 mil pesos para que el que apostara a la ganadora. A las 18, estaba prevista otra carrera con caballos más jóvenes.

Juan estaba casi al lado de los caballos que pasaban y todavía miraba su revista. Uno de los animales tiró una patada que dio contra un tacho de basura. El tacho, a su vez, le dio en la ingle a Juan. Lo derribó al piso. Juan sintió un dolor intenso, brutal, irreversible. Los encargados de seguridad lo auxiliaron.

Llamaron al SAME y los médicos que lo asistieron lo urgieron a ir a una clínica. La ambulancia no lo llevó. Se fue en un taxi hasta el Hospital Italiano. Y en la guardia vieron un gran hematoma en el pene, que solo podía tratar con hielo durante varios días, además de algunos calmantes para los dolores.

Los problemas

Desde el día del accidente, Juan no pudo volver a tener erecciones. El hematoma se había instalado en el cuerpo cavernoso del pene y la sangre no llegaba a irrigar la zona para permitirle volver a tener una relación sexual, dijeron los médicos. Lo operaron en abril para intentar extirparle el hematoma, pero la intervención fracasó. Los médicos le informaron el resultado. Hablaron de las secuelas. El post operatorio lo hizo tomar pastillas con la dosis máxima de Viagra, pero no le pasaba nada. Los especialistas le dijeron que si eso no funcionaba, podía aplicarse inyecciones en el pene, pero con bajas posibilidades de éxito.

Fue entonces cuando, pese a la vergüenza, Juan se presentó en la comisaría 31. Y contó bajo juramento lo que le había pasado. Denunció penalmente al Hipódromo porque –dijo- no se hacían cargo de los gastos de lo que estaba viviendo. Había ido hasta el Hipódromo para saber cuál había sido el caballo que le cambió la vida, pero nadie supo identificarlo. A los policías les dejó los informes médicos que acreditaban su padecer. También las fotos que se había sacado en el patio de su casa mostrando el hematoma.

Así empezó la causa, a la que accedió Infobae, y que tuvo una derivación inédita. No sólo Juan reclamó su indemnización por lo que había sufrido. También lo hizo su esposa, Herminia, porque la disfunción sexual de Juan también le impidió tener a ella relaciones sexuales con la persona que amaba. Lo más novedoso no solo fue la demanda en sí. Lo revelador fue que la Justicia entendió que ella también había sido una víctima de la situación y ordenó indemnizarla.

“Desde aquel maldito e inolvidable día, no hemos podido nunca más tener relaciones sexuales, por lo que mi vida, lamentablemente, ha tenido un cambio rotundo con severísimas perturbaciones”, dijo la mujer en su demanda.

Aunque no estaba casada con Juan, hacía más de 35 años que eran pareja. Tuvieron en 1980 a su hijo y dos años después adoptaron una nena. La irreversible disfunción que sufrió Juan también cambió su vida.

“Nunca más podré volver a tener relaciones sexuales. La única vía sería el camino de la infidelidad para con él, lo que no comparto bajo ningún punto de vista. Cabría preguntarse entonces: quién si no yo, además de él, ha sido verdadera y exclusivamente damnificada por este hecho”, le dijo Herminia al juez. Y planteó que, más allá de que el Hipódromo hubiera indemnizado a su pareja, todavía restaba reparar los daños sufridos por ella.

Promovió así una demanda en donde exigía casi un millón de pesos. Habló de “daño sexual”. “Como ya dije, la disfunción eréctil de Juan me impide gozar de relaciones sexuales con él”, subrayó. Incluyó daño al proyecto de vida, a la vida de relación, psicológico y moral. Obviamente, el Hipódromo y la aseguradora rechazaron la demanda. Aquí ya no se trataba de discutir el hecho (que había quedado acreditado con el acuerdo de Juan), sino que entendían que la mujer no podía venir a reclamar por no haber sido una damnificada directa.

Después de más de cinco años de trámites, el juez Sebastián Font analizó los alcances del artículo 1079 del nuevo Código Civil que establece que “tienen derecho a indemnización, además de la víctima inmediata, todas las personas que han sufrido indirectamente un daño por causa del acto ilícito”.

“Cabe preguntarse en el caso traído a estudios si la disfunción eréctil permanente que ha sufrido la pareja de la víctima admite una pretensión resarcitoria como damnificado indirecto. Considero que la respuesta es positiva. No me quedan dudas que en una relación de pareja la impotencia sexual por ausencia de erección genera un perjuicio directo y que como consecuencia de un hecho ilícito abre el derecho a una reparación personal”, afirmó el juez, en el fallo al que accedió Infobae. Otorgó así una indemnización, aunque mucho más reducida de lo que Herminia pretendía.

El Hipódromo apeló, pero la Cámara en lo Civil avaló la reparación por daño moral que se le había otorgado, aunque entendió que todos los otros rubros de daños por los que reclamaba estaban incluidos en el primero. Es más: elevó la suma de 90 mil a 120 mil pesos de reparación. El caso legal quedó cerrado. Juan y Herminia siguen su vida juntos, pero Juan en los primeros tiempos prefería ni pisar el Hipódromo. “Cuando voy a llevar a la patrona no quiero ni entrar. No estoy preparado, me pone mal”.

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