Trabajadores del Hipódromo Santa Anita rechazan fin de las carreras

Por: Araceli Martínez Ortega / laopinion.com

Yolanda García no oculta su preocupación ante la posibilidad de que las carreras de caballos lleguen a su fin y que su fuente de trabajo en el Hipódromo Santa Anita sea cerrada.

“Me siento muy mal. Aquí trabajan seis miembros de mi familia, dos hermanos, dos cuñados y un sobrino”, dice Yolanda quien desde hace 14 años labora en el Hipódromo Santa Anita localizado en la ciudad de Arcadia en el condado de Los Ángeles.

Los activistas y las organizaciones contra el maltrato animal están pugnando porque las carreras de caballos se terminen en todo el país.

“Los entrenadores y propietarios de caballos ganan millones de dólares sobre el dolor y sufrimiento de los animales. Las carreras de caballos son totalmente ilegales porque se basan en la corrupción, las apuestas y el abuso de los animales”, dice Ellen Ericksen, activista contra las carreras de equinos.

Las carreras de caballos en el Hipódromo Santa Anita han existido desde la década de los años 30 del siglo pasado, pero ha sido en los últimos años cuando los defensores de los animales incrementaron las presiones para que no se permitan en lo absoluto.

Pero para los miles de trabajadores que dependen del empleo en los hipódromos, esas exigencias de parte de los defensores de los animales, les ha caído como bomba.

No es cierto que abusamos de los caballos. Todos los trabajadores los amamos. Nadie quiere lastimarlos”, dice Yolanda quien trabaja en el área de seguridad del Hipódromo Santa Anita, pero hace varios años laboró como caminadora de caballos.

“La verdad nos afectaría mucho que cerraran el Hipódromo. Nos ofrecen buenos trabajos y tenemos un sindicato. ¿A dónde nos iríamos? Aquellos que quieren que las carreras de caballo se acaben, no piensan en cómo está la economía”.

Precisa que son más de 800 personas las que trabajan en el Hipódromo Santa Anita, 90% de ellos son latinos, y manejan más de 1,400 caballos

Asegura que los defensores de los caballos no tienen ni idea de cómo los trabajadores cuidan a los caballos; y del amor y la devoción que les dedican. “Nadie quiere verlos sufrir”.

Jayro López solía trabajar todos los veranos en el Hipódromo de Santa Anita paseando a los equinos, pero su padre Dagoberto López ha sido peluquero de caballos de carreras entre 38 y 40 años. “Paro de trabajar hace unas semanas al sufrir un ataque cerebral”.

Al igual que Yolanda niega las acusaciones de los defensores de los animales. “No son ciertas. Nosotros siempre estamos viendo cómo cuidarlos mejor. Ellos no quieren ver la verdad”.

Mientras que cada día aumentan los esfuerzos de los protectores de los animales por poner fin a las carreras de caballos en todo el país, los trabajadores de los hipódromos se organizan para impedirlo.

Oscar de la Torre, organizador principal de los trabajadores que cuidan y entrenan a los caballos de carreras de todo el sur de California, afirma que la mayoría de ellos llevan un promedio de 35 años dedicados a cuidar a los equinos en los establos.

“Es un trabajo de 24 horas que comienza a las cuatro de la mañana. Muchos trabajadores duermen en los establos. Les dan de comer, los entrenan, los corren, les dan masajes”.

Explica que por lo general esos trabajos se pasan de una generación a otra, y familias enteras laboran en los establos de las pistas de carreras equinas.

“Si los activistas quieren que se cierre el hipódromo y se acaben las carreras, los trabajadores van a perder su empleo, su vivienda, su cuidado médico. Pero a ellos no les importan los trabajadores sino los caballos. En todo el estado hay 77,000 trabajadores en esta industria de carreras”.

Y enfatiza que los defensores de los animales a quienes califica como extremistas quieren que se prohíban las carreras, sin tener en cuenta las consecuencias. “La prohibición crearía una crisis humanitaria, ya que acabaría con decenas de miles de puestos de trabajo y pondría a los trabajadores en riesgo económico en medio de una pandemia mundial”. 

Ellen Ericksen quien lleva 10 años organizando protestas contra las carreras de caballos, puntualiza que quiere que acaben en todas partes no solo en el Hipódromo Santa Anita.

“En lo que va del año han muerto 83 caballos en California. En el Hipódromo Del Mar, 5; en el de Golden Gate, 21; en Santa Anita, 16; San Luis Rey, 2; y en Los Alamitos, 39”, dice.

 “Históricamente hasta 2,000 caballos mueren por año en las pistas de carreras en el país a causa del estrés al que los someten”.

Eriksen explica que el maltrato se da desde que comienza a entrenar a los caballos a temprana edad, y los exponen a sufrir múltiples fracturas, sangrado en los pulmones y ataques al corazón. 

“El problema es que los ponen a competir con piernas o tobillo rotos, pero enmascaran el sufrimiento del animal con sobredosis de medicamentos para el dolor”.

Acepta que quieren que se terminen las carreras de caballos porque considera que son parte de una industria muy cruel que obtiene sus ganancias de la explotación de los animales.

Si nos importan los trabajadores, pero ellos pueden conseguir otros empleos como lo han hecho quien laboraban en los circos que han cerrado. Se pueden capacitar en otras ocupaciones. Los animales en cambio no pueden defenderse por ellos mismos del abuso que una y otra vez les infligen en un negocio de entretenimiento y juego corrupto”, señala.

En diciembre, la fiscal del condado Jackie Lacey llevó a cabo una investigación sobre las muertes de caballos en el Hipódromo Santa Anita, solicitada por el grupo Personas por el Trato Ético de los Animales (PETA), la cual culpaba a los entrenadores y veterinarios de medicar a los equinos cuando estaban lesionados y lastimados para luego ponerlos de regreso a la pista, haciéndolos vulnerables a que un hueso se les rompiera.

Pero la fiscal Lacey encontró que no había culpabilidad criminal pues no había evidencia de que a sabiendas, los entrenadores o veterinarios pusieran en la pista a los caballos lesionados.

En estos momentos se encuentra en el escritorio del gobernador Gavin Newsom, la medida SB 800 que  requerirá a los veterinarios producir un récord médico completo sobre el caballo que ha participado o participará en una carrera de caballos, a petición de prácticamente quien lo solicite.

En la actualidad, los veterinarios tienen prohibido mostrar esa información.

La procuradora de Los Ángeles, Jackie Lacey celebró que la legislatura aprobara esta medida que ella copatrocinó para aumentar la seguridad en las carreras de caballos, y que los equinos estén preparados para correr.

“Esta medida representa un paso hacia adelante en los esfuerzos por asegurar  la salud y seguridad de los caballos y sus jinetes”, señala la procuradora Lacey.

El año pasado se aprobó la medida SB 469 patrocinada por la fiscal Lacey  que autoriza a la Junta de Caballos de Carreras de California, suspender las carreras en cualquier momento cuando existan condiciones peligrosas.

Ambas piezas legislativas estuvieron entre dos docenas de recomendaciones contenidas en un reporte de 17 páginas de la procuradora Lacey sobre las muertes de caballos en el Hipódromo Santa Anita emitido en diciembre.

A principios de 2019 se registró la muerte de 29 caballos de pura sangre en el Hipódromo Santa Anita, lo que llevó a los defensores de los derechos de los animales a protestar, y pedir la suspensión de las carreras.

Según el informe de la procuradora Lacey, el número de muertes de caballos en Santa Anita durante la última década ha variado desde un máximo de 71 en el año fiscal (FY) 2011-12 a un mínimo de 37 en el FY 2010-11. Hubo 49 muertes de caballos en el año fiscal 2018-19.

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