UN GANADERO QUE LLEVA LAS BRIDAS

La fecha: 4 de marzo de este año. Hora: 1:50 de la tarde. El fusta Ángel Castillo invitó al equipo de Líder a su hacienda.
“Eyyy, mirá. No me apuréis. Vamos tranquilo”, soltó de entrada el látigo, mientras esperábamos el arribo de sus chamos provenientes del colegio.
Arrancamos desde Maracaibo. El viaje duró una hora y 15 minutos. Pelo a pelo, aunque nos dejó atrás y fácil con su camioneta full equipo.
Rumbo a La Paz, al noreste del estado Zulia. Allí estaba: la hacienda 115.
Bárbara. Un total de 112 hectáreas de pura producción, pero con clara evidencia de la sequía que arropa al país.
A 200 metros de la entrada una casa de dos plantas. Más atrás, un corral con 150 cabezas de ganado, cría de porcino, y al otro extremo: 70 carneros.
El pequeñín afinó su mirada. “Ayyy, este becerro no es mío. Qué va”. En efecto, preguntó a los capataces y respondieron que no era de la hacienda. “Ajá, vistes”, soltó.
En medio de la brisa de campo y el olor a ganado, nos acercamos al extenso corral.
Un trabajador cantaba agachado mientras ordeñaba una vaca. Al menos 70 animales en la lista para extraer el líquido. “Cada barril de leche se vende a millón”, sostuvo Castillo escoltado por sus tres hijos: Ángel Jean Claude (15 años), Ángel Alciro (13) y Mayerling (10). Mayerling, su esposa, se quedó arriba en la casa.
Castillo le exprime el jugo a la hacienda: negocia mautes, pollos, pavos y hasta pasto. Su familia suele relajarse con los caballos y un grupo de pavo real que da colorido.
La espaciosa tierra tiene tres jagüeyes que fortifican el mantenimiento de animales y la siembra. Sí, también el jinete cultiva yuca, plátano, etc.
Cuenta con dos capataces y siete trabajadores. A todos los mantiene pilas para el cuido de su tesoro. Castillo caminaba, volteaba y hasta mandaba en plena presentación.
Un rey
Tras el recorrido, ingresamos a la casa. Qué estrés.
Tiene dos plantas, cinco aires acondicionados, cuatro cuartos, piscina y mesa de pool; por cierto, jugamos una partida y lo sorprendimos en par de jugadas, pero el hombre atropelló y se vino fácil.
Posee una vitrina con la mayoría de sus premios en el hipismo. En el medio una foto grande de Douglas Valiente. “Honor a mi compadre”, dijo.
Luego la familia Castillo arrancó la fiesta: frías, cordero asado y dominó. La mesita tambaleó ante el careo y gritos de los Castillo. Cayó la tarde y las aves subieron a los árboles.

Especial para el diario Líder
Lic. Antonio José Medina

Foto cortesía: Ángel Obertein

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